¡Rusia 2018, spasibo bol'shoe!

La Copa del Mundo ayudó a mostrar la verdadera cara de Rusia y su cálido pueblo

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Ha terminado el Mundial de Rusia 2018 tras la coronación de Francia, por segunda vez en su historia, y en esta columna, de despedida desde tierras mundialistas, quiero aprovechar el espacio para contarle al estimado lector los puntos que siempre recordaré de esta Copa del Mundo.

Rusia cumplió con creces la promesa de mostrar una cara que no muchos conocen fuera de su extenso territorio: CORDIALIDAD. Y es que en cada sede que pude conocer (Kazán, San Petersburgo, Rostov on Don, Ekaterimburgo, entre otras) encontré sí dificultades para poder comunicarme con los anfitriones, pero solventado con manos cálidas y extendidas para los ciudadanos que necesitaban ayuda; paciencia para comprender el intento de ruso o señas que les dábamos (digo “dábamos” a nombre de miles de extranjeros); respeto absoluto a lo que fue el turismo y sus diversas manifestaciones a la hora de celebrar a sus selecciones.

Yo no tengo duda: Moscú está en la meca de las ciudades más hermosas del Mundo, no solo por su arquitectura de vanguardia, no solo por la historia que plasman y demuestran en las principales calles de la capital, no solo por la pulcritud y seguridad detallada en cada esquina. Moscú y toda Rusia son ejemplos para el Mundo por su civismo y gentileza.

Para explicar lo anterior, les cuento que, a lo largo de mi recorrido, quise hacer un pequeño sondeo con gente local. La dinámica era sencilla, pues me tenían que responder la siguiente pregunta:

¿De qué servía tener un Mundial en casa?

Pensé que la respuesta iba a tener respuestas variadas, pero no imaginé que esta daría el tema para mi texto final en Rusia 2018: la gran mayoría coincidía en que la Copa del Mundo, su Mundial, sería la ventana abierta para que todos se asomaran a verlos como un país en el que el frío solo pasa por su clima, mas no así con su gente. Querían demostrarle a cada espectador que son una nación de visita obligada, con sus pros y sus contras, pero con una innegable amabilidad.

Los rusos utilizaron el balón como excusa perfecta para externarse como un poderoso sí pero también como un país que no está alejado del Mundo como muchos pensaban, o pensábamos.

Solo queda decirles Spasibo bol'shoe (¡Muchas Gracias! en ruso) por enseñarnos que su Mundial sirvió no sólo para ver el mejor fútbol del orbe, sino para conocer a una de las mejores sociedades existentes, que estoy seguro seguirán extendiendo su mano para todo aquel o aquella que se decida por ir a un país lleno de historia, arquitectura, naturaleza, y sobre todo cariñoso con los latinoamericanos.

Ver más: ESPECTACULAR HOMENAJE DE FRANCIA A LOS CAMPEONES DEL MUNDO

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